No lo notó enseguida pero la luna se había disfrazado de rosa y todas la rosas eran pequeñas lunas cuando se dejo caer en aquellos campos sembrados donde cada pequeña gravitación lunar lo dejo flotar por encima, y arriba la rosa brillaba con luz ajena, roja, sangrante de delirio y llena de ecos.
Y ella le había contado que cuando mirabas la luna desde aquellos campos sentías escuchar el eco de lo vacío como si la luna fuera primero un sonido y luego luna, una rosa, un segundo perdido, un segundo ciego, un segundo sordo, todos uno detrás de otro, como si cada sentido se viera desplazado por otro.
Una lucha de sentidos le había contado ella, y una brisa...como la que movía siempre su pelo.
Y ella le había contado que cuando mirabas la luna desde aquellos campos sentías escuchar el eco de lo vacío como si la luna fuera primero un sonido y luego luna, una rosa, un segundo perdido, un segundo ciego, un segundo sordo, todos uno detrás de otro, como si cada sentido se viera desplazado por otro.
Una lucha de sentidos le había contado ella, y una brisa...como la que movía siempre su pelo.
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