Llegamos al fin a lo más alto, la nieve se esparcía en charcos blancos sobre el descampado. Encontramos un lugar con algo de vegetación y algunas rocas grandes, algo de tierra podía verse entre las ramas y la nieve. Estabamos fatigados, nos sentamos sobre unos cueros que dispusimos en círculo rodeando unas ramas, y en el centro un tronco. El se paró, consigo cargó su guitarra; se sentó sobre el tronco sobre las ramas y la desenfundó. Una mano apretó el diapasón, la otra la abrazó bien fuerte en su vientre. De pronto todas las notas salieron en flechazos lacerantes, cubiertas por un fuego purpúreo. Se había prendido fuego, la música estaba juntando el calor. Estuvo así mientras alzamos las manos alrededor de su guitarra toda la noche, y mientras nuestras manos juntaban el calor de sus notas, nuestras almas se incendiaron con la alegría suficiente para soportar el frío de la montaña. También estuvo incendiándose más tarde, pero en ese entonces solo cantamos. Le fascinaba prenderle fuego a su guitarra, solo en la montaña pudimos soportar el calor que de ella él desprendía.
Friday, March 31, 2006
El calor de una guitarra
Llegamos al fin a lo más alto, la nieve se esparcía en charcos blancos sobre el descampado. Encontramos un lugar con algo de vegetación y algunas rocas grandes, algo de tierra podía verse entre las ramas y la nieve. Estabamos fatigados, nos sentamos sobre unos cueros que dispusimos en círculo rodeando unas ramas, y en el centro un tronco. El se paró, consigo cargó su guitarra; se sentó sobre el tronco sobre las ramas y la desenfundó. Una mano apretó el diapasón, la otra la abrazó bien fuerte en su vientre. De pronto todas las notas salieron en flechazos lacerantes, cubiertas por un fuego purpúreo. Se había prendido fuego, la música estaba juntando el calor. Estuvo así mientras alzamos las manos alrededor de su guitarra toda la noche, y mientras nuestras manos juntaban el calor de sus notas, nuestras almas se incendiaron con la alegría suficiente para soportar el frío de la montaña. También estuvo incendiándose más tarde, pero en ese entonces solo cantamos. Le fascinaba prenderle fuego a su guitarra, solo en la montaña pudimos soportar el calor que de ella él desprendía.
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