Thursday, March 23, 2006
Los inmortales me llaman aún mortales
Yo no soy un ente codiciado. No soy, un suspiro al caminar por ningún lado. Tampoco soy un rastro de nada, ni brisa a ninguna parte. Tengo la frente marcada por las ideas que pesco del viento. Intento comunicarme con todos los escritores, que como del Mago respiran voces, respiran letras. Aspiran poemas sobre las hojas sobre los tintes de todas las cosas vivas. Los inmortales me llaman aún mortales, se llevan la tinta del Mago. Luchan por retenerla aunque sea un momento; me gusta unirme a esa lucha. Me gusta por sobre todo unir esta letra sobre esta palabra sobre el suspiro de todas las ideas que el Mago calla, pero que susurra el viento sobre todas las mentes fértiles, de escritores, poetas, viajeros de mundos, caminantes de horizontes, trotadores, buscadores de oasis sobre el silencio de una hoja blanca postrada ante los ojos, quieta sobre la vista de la vela, sobre las sombras que danzan mudas en invocan a cantarla al tiempo. Sobre notas tormentosas afuera, días de sueño y noches de ojos abiertos, bocas secas, impaciencia, soy como un gato; cazo mis letras de noche, le canto a la luna como un lobo buscando la idea que se me escapa. Cada estrella me brilla, ilumina mi día escrito, pues no poseo los soles de los despiertos. Soy un letrado vampiro de las hojas escritas, de los caprichos del Mago, que me ha elegido y me a soplado con la tinta de los inmortales. Para que deje su huella, o deje la mía.
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