Seguir cantando.
Ahora existen algunos que dicen que a él lo llamaban Tanis porque así le había quedado el nombre después de tanto machacar sus dotes. Que las parcas no habían desde luego cerrado las puertas de su alma y que era una vida previa de Tanis, Sinat, Sinatra. Pero todos saben mejor que yo que Tanis no conocía de parcas y mucho menos de reencarnaciones. Aunque no es poco premio pagar con esta fama su pasado de esclavo de su piel.
Siempre que quise caminar por los cielos e iba al bar Sut, estaba tan pálido que dos llamas parecían escapar de sus ojos. Ahí tenían el whisky, ese que se pasa solo por favores, y además Tanis... pegándole al piano como solo los dioses mandan; porque eso no era obra de un solo dios, no. Tanis escupía un poco de whisky antes de cantar, que orgulloso me sentí siempre de poder convidarle, encender esos ojos, esa mirada, antes de que abriera la boca, el cielo se partiera en dos, y las bestias callaran. Imagínense ustedes un esclavo al que dejaban dar shows, que clase de individuo seria.
Esa noche el grandote de Sturm le siguió el ritmo con el chelo a la perfección. Recuerdo que Tanis miró a Sturm. Sturm asintió, miró a Tanis, y sonrío con su extraña y melancólica sonrisa. Sonrisa de un esclavo negro como Tanis. Angeles, campanas, extasis. Esa noche, todas las noches. Esa voz. El barSut sin silencios ni espacios como decía el guarda, donde nunca se escuchaba riña alguna, ni murió nadie. En si ya era raro, porque fuera del bar, la vida era una guerrilla constante. Te mataban decían por cualquier cosa, y hasta a veces se confundían. Me acuerdo también del pobre Fein, salir apurado y nervioso como siempre; pues era el único con hijos en el pueblo en esas fechas. Mirarme a los ojos y decir en voz alta "un hombre puede caminar por estas calles". Pobre Fein, con ese humor tan humilde. "Un hombre puede caminar por estas calles", se dijo, "pero será mejor que corra". En fin, extra de mermelada para el mejor conversador de la velada!. Ni rastro quedo del pobre Fein, se lo morfaron a pocas cuadras. Tenia la costumbre de sacarle brillo a esos zapatos. Si Tanis hubiera estado cantando en ese momento nada le hubiera pasado. Acá, todos lo saben mejor que yo.
Pero esa noche la banda siguió tocando, con ese canchereo típico de ojos cerrados o mirando al público. Y se estremecieron todas las botellas, y no hubo mucho tiempo para mas que placer. Los recuerdos quedaron ahogados en polleras negras de grandes aretes de whisky y humo. Estabamos todos ahí. Lo bueno del pueblo. Y el alcalde tumbó la puerta y se hizo paso a la mejor ubicación. Sentado al lado del alcalde toda la noche, con ese whisky y Tanis, y sabiendo que Enriqueta me esperaba en el segundo piso mas tarde, me sentí morir de un infarto. Pero no, el que si se infarto fue el alcalde. Lo subimos tumbado al escenario. La gente dejo de bailar, las polleras dejaron de volar y las copas algunas dejaron de llenarse. Pero Tanis siguió tocando y el piano siguió sonando mucho tiempo más. Un guardia apuntó a Tanis con una escopeta. Todos saben ese, tenia un pie afuera del Bar, o al menos, no tenía alma. Pero el corazón del alcalde volvió a latir. La gente acudió a ver como andaba, y las manos siguieron en el piano hasta que el alcalde se reincorporó totalmente. La música se fue de repente, y en ese momento no escuché mas voces, no hubo mas ruido. Me quedé sordo. El guardia gritó a pulmón que ese esclavo malparido del piano le faltaba el respeto al alcalde tocándole un réquiem. Defendimos a Tanis, pero sin música el alcalde no razonó. Sturm fue llevado a los campos de algodón, y Tanis fue encarcelado. El bar Sut, se vació tan rápido de clientes como tantas otras copas de whisky y finalmente cerró.
La vida tomó otros rumbos. La guerrilla tomó otros colores, oscuros, pardos, rojizos. La música no estuvo para calmarlos. Algunos los mas optimistas, utópicos, soñadores decían que todo iba a mejorar. "Y un mundo posible que esta aun por venir, o que refleja la fantasmagórica ausencia de las manos sobre el piano, iba a tirar para nuestro lado de la balanza" eran voces, de una emblemática campaña, que no dejaban de borbotear. Por mi parte, camine tranquilo. El tiempo había probado que era inmune a la infección. Sin embargo desalmado me aleje del pueblo. En un hotel de mala muerte dormí meses sobre la humedad, sumergido en un mundo ficticio proporcionado por una televisión con antena de chapa. Visitaba frecuentemente el cine más cercano que parecía repetir siempre el mismo film. Podía recitar casi todas las frases del film, incluso las de Richard Burton. Por semanas mi correo personal rebalsó sangre, pero no escribí respuestas hasta que llegó esa carta. La que muchos tanto temían. Tanis había muerto. No hay acordes que lo describieran. Me sentí cobarde, y los sentí cobardes a todos. Decidí volver, pero un día antes de que partiera del hotel, el recepcionista me avisó que habían preguntado por mí y que venían en camino. Cuando pregunte de quien se trataba me dijo que le pareció que era una jovencita, y que iba a pasar antes del atardecer. Entonces decidí tomarme la tarde y salí para el cine. Unas horas mas tarde volví al hotel. Una voz se escuchaba tejida en las paredes. Aunque la letra le resultaba incomprensible, la canción era simple, nostálgica, y la voz de la muchacha era mas insinuante que la misma música. Subí corriendo en llantos. Era morena como el color de la leche sobre el café, y más estirada que su viejo. Tenia los ojos de Tanis y sus manos flacas parecían pesadas y colgaban de huesudas muñecas que hubieran sacudido tantos pianos si hubiesen sido dotadas. Pero la voz... era reencarnada. Cuando entre a la habitación ella dejó de cantar, el disco que Tanis me había regalado grabado con un gramófono, siguió tocando esas canciones en el idioma natal del mago, el cual a ella no le habían enseñado. Se dió vuelta porque oyó mis pasos en la húmeda madera del piso del cuarto. Y dijo "Mi padre me las cantaba de pequeña".
Le pedí que siguiera cantado. Pero se rehusó. Hablo un rato de mis primeras campañas para acabar con la discriminacion, y me comentó cuanto me admiraba a pesar de mi huida. Hablo de las nuevas asociaciones que se habían formado para tales fines. "Y dentro de esas asociaciones fueron al principio sólo algunas individualidades, las más inteligentes, enérgicas y entregadas, que en la mayor parte de los casos ya estaban templadas por luchas previas. Las que llevaron a cabo los logros contemplados hasta ahora", dijo. Pero yo me encontraba todavía cegado coreando su voz en lo alto del cielo, y parecí no contestar. “ Pero la circunstancia de que se discutieran tales temas, es índice de que en esta época tiene lugar una profunda crisis económica y social" agrego a otras tantas frases. Le pedí perdón, y dijo que no tenía porque disculparme. Le pedí que cante. El cielo se abrió, se partió, se resquebrajo. Pequeños fragmentos de nube volaron sólidos sobre las cabezas de todos los cercanos, golpeando sus tímpanos secos de vida. Le pedí que siguiera cantando. Las fieras tomaron otros rumbos. La tomé de la mano. La arrastré, tomamos el rápido. Ella seguía cantando. "No te detengas le dije" Volamos juntos, libres!, Ella seguía cantando. Llegamos al pueblo. Ella nunca se había callado. Al llegar marchamos juntos para pedir justicia. Y ella nunca dejó de cantar. Cuando me apresaron y me encarcelaron, siguió cantando. Y sus palos para todos, fueron como pequeñas escobas de pluma, sus esposas donas de chocolate recubiertas en jalea de membrillo. Y cuando nos dejaron inconscientes, igual la seguimos escuchando. A través de los barrotes. Siguió cantando. Ella, era libre; su madre era blanca.
Saturday, September 10, 2005
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