Saturday, September 10, 2005

Los personajes de la nieve

Las madres se hallaban cabizbajas y desconsoladas. La madre Ardilla se secó una última y gorda lágrima con la cola. La madre Comadreja respiró profundo, trago saliva, y se ahogó nuevamente para largar un último gemido. Un minuto después estuvieron totalmente reincorporadas.

-Se viene el invierno -dijo la mamá Comadreja a la mamá Ardilla.
-Se viene el invierno -reafirmó mamá Ardilla.
-¿Y Los chicos? -preguntó la primera.
-Los chicos están en la madriguera jugando como siempre -contestó la segunda.
-¿Y a que juegan? -preguntó mama Ardilla.
-A muchas cosas. Colseadas que son como pulseadas pero con la cola, también juegan a derribar diminutos troncos con bellotas. Dicen que lo vieron en el pueblo de los grandes. Bowling. Jugar al Bowling escuché que le dicen.
-Ah, Ah, Achusss - estornudó mamá Ardilla
-Salúd.
-Gracias.
-Veo que te resfriaste. ¿No habrá que ir guardando?
-Sí, ya es hora, se viene un temporal. Es mejor guardar la comida y esperar una semanita.

Las señoras colipeludas se habían hecho fuertes juntas. Vivían en una misma madriguera desde el fallecimiento de sus esposos.

-Que trabajo tedioso. Era mas fácil con los locos. Como los extraño -suspiró mamá Ardilla
-Es el problema de tener tan linda vista al bosque, además los humanos aman a la ardillas es mejor estar acá -
trató de consolar la mamá Comadreja.
-Sí – concordó mamá Ardilla -.Lástima la carretera.

Juan y Carla chocaron estrepitosamente contra un banco de nieve. La señal sobre el banco decía "bancos de nieve reduzca la velocidad a 30 kilómetros por hora" pero se hallaba cubierta, ilegible y cien metros después de lo necesario. El choque no fue muy fuerte. Juan salió del auto y vio un cartel en el piso sobre una pequeña madriguera. La cabeza de Carla se hallaba suspendida en el aire sobre el capo, el cuerpo atravesaba delicadamente el parabrisas del auto. Juan vio a Carla y se paralizó. Una ardilla y una comadreja saltaron cuales fieras sobre la cabeza de Juan, produciendo ruidos irritantemente agudos. ¡Los niños, los niños! hubiera escuchado alguien que entendiera ardilla. ¡Los pequeñuelos, nuestros buñuelos! hubiera escuchado alguien que entendiera Comadreja. Juan rompió en llanto y las madres desconsoladas notaron a Carla y a los chicos saliendo de la madriguera sanos y salvos. Juan salió de la parálisis y corrió a buscar ayuda. En esos minutos Carla recuperó el conocimiento milagrosamente y miró hacia donde podía, prefirió no moverse. Sobre el capo vio a una comadreja, una ardilla y dos pichones de ardilla y comadreja respectivamente. Escuchó que dialogaban sobre sus esposos muertos, los chicos lloraban desconsolados "¡pobre señorita!". ¿Estás bien?, ¿estás bien? escuchó nuevamente Carla y entendió que en el cielo las ardillas hablaban, fue un segundo , dos segundos. Juan ya estaba a su lado y los animalitos en la madriguera. Carla se animó a contestar, su voz era el suave murmullo del viento, “estoy bien ardillitas no se preocupen” dijo. Juan la miró desconsolado y pensó que el accidente había soltado los tornillos de la cabeza de su prometida. Con cuidado retiraron a Carla del auto y la llevaron a un a pequeña clínica en el pueblo. Dentro de la madriguera las madres ordenaban; el choque había desbaratado todo su hermoso hogar. Afuera los chicos buscaban golosinas en la guantera del auto de Juan.
El accidente de Juan y Carla hizo que las madres recapacitaran, era hora de mudarse. Vivir al lado de una carretera era muy peligroso. El acuerdo sobre la mudanza fue mutuo. Las dos familias buscaron y empacaron todas sus pertenencias. Los chicos miraron por última vez el bosque y se adelantaron a las madres las cuales se dirigieron al medio de la carretera a unos metros de la madriguera. La nieve estaba removida debido a los bancos y el asfalto casi era visible para las dos. Con unas ramas removieron la nieve un poco más. Sus esposos inmortalizados laminaban el asfalto. Ambas besaron los vestigios de sus amados llorándoles un ultimo adiós y se marcharon.

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