Wednesday, December 14, 2005

La hora del té


Tráeme un saquito de té, dijo callada. Sus muecas lo dijeron. Tra-e-me, té, allá, sobre la mesa. El se abalanzó, tiro la caja. Cientos de tés, colores, se perdieron por el piso. Juntó uno de cada color y los dispuso ante ella en un abanico ordenado como un arco iris invertido. Ella acordó que el gesto era amoroso pero no pudo evitar notar que el arco iris estaba dispuesto hacia él, ella lo veía al revés. Le dijo que el gesto era para el mismo, que se lo estaba compartiendo pero que no la engañase, ella sabía que el gesto había nacido para su propio divertimento. Era una chica complicada. Estaba sentada con las piernas sobre la mesa reclinada sobre el respaldo de una silla esterillada, parte de un vestido verde cubría sus piernas no mucho antes del comienzo de sus rodillas, todo su cuerpo se traslucía. Eligió uno cualquiera, sus ojos no parecieron elegir. Toma uno para ti, dijo y aclaró, solo uno. No supo cual elegir, tomó uno cualquiera, sus ojos miraban las piernas de ella en la mesa, pasearon por su silueta. El agua empezó a correr, llenó dos tazas. Ella tenía un microondas. Tomaron el te enfrentados, y con cada sorbo intercambiaron miradas. El no iba a hablar pero ella se rió. Las palabras justas pensaba, solo las palabras justas, precisas. Las dijo sobre una sonrisa regalada. ¿Qué hora es?. La hora del té dijo ella, lo demás no importaba.

1 comment:

Anonymous said...

otra vez yo..
y de a poco, 'cuando encontré el tiempo, el momento' empecé a leer tu blog
me gustó ese pequeño cuentito
beso fede