En Melodía todos cantaban bien, de vez en cuando alguien cantaba fuera de tono; pero todo por haber afinado mal por culpa de alguna nube o por encandilarse al mirar directo al sol. Es que en Melodía, las voces y sus pobladores vivían en una especial relación simbiótica. Ellos le daban a sus voces el refugio que ellas necesitaban dentro de su cuerpo, y ellas les proveían la diversión y la felicidad del sonido. En Melodía nadie ataba a nadie. Las voces podían salir de su refugio y pasear libres por los parques, las ferias y los lagos. Formaban amistades y familias. Cuando dos voces se agradaban lo suficiente se desprendían de un poco de si mismas y lo mezclaban para formar una nueva voz bebé. Como los bebés persona nacían sin voz, la voz bebé podía esperar el nacimiento de uno para tener refugio. En caso de que no naciera ningún bebé persona en mucho tiempo, la voz bebé se escabullía dentro de algún pajarito y este le daba la bienvenida contento y volador. Debido a ello, no era extraño escuchar de vez en cuando a algún pájaro cantar “Melodía-Melodía” al atardecer.
En Melodía los chicos y las voces crecían juntos. No se necesitaba prestar mucha atención para notar que estaban siempre contentos. En un día de feria, se podía ver a los más chicos jugar y correr libres junto a sus voces. Resultaba muy gracioso cuando se confundían de voces y sus padres reclamaban la voz original de su niño. Los más adolescentes intercambiaban sus voces para impresionar a la gente. Un menor de edad, podía llegar a entrar a un bar, si algún hermano mayor le prestaba su voz adulta. Algunos tortolitos se desprendían de sus voces en la intimidad, otros preferían besarse y juntar sus voces en la punta de la lengua, recitarse en un único sonido, todo lo que se querían. La atracción principal del pueblo era la feria y la atracción principal de la feria siempre era el alcalde. Este era la persona que podía cargar consigo más voces. Su espectáculo consistía en pedirle a varios voluntarios sus voces para cantar una canción coreándolas el solo. El juego se hacia más divertido cuando se probaban todas las distintas combinaciones. Pero seguramente lo más divertido era ver como afinaban con el arco iris. Si querían un Mi cantaban hacia el color azul, un Si se cantaba hacia el color amarillo hasta que la voz se tornaba amarillo transparente. Para realizar esta afinación, necesitaban que su voz se asomase un poquito nada más; de forma de poder seguir sonando y a la vez notar su color. Si la voz salía del todo perdían la afinación y tenían que volver a empezar. En la escuela de Melodía los chicos aprendían a afinar sus voces desde temprana edad. Los arco iris entraban por ventanas a un lado de la escuela, cruzaban la sala, y salían por ventanas al otro lado. Solo había clases cuando había arco iris, y solo había arco iris cuando había clases. En ningún pueblo, ni reino, la educación parece más hermosa que en Melodía.
Thursday, August 03, 2006
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