Thursday, March 23, 2006
Pintando el cuadro
Estaba condenado a muerte. Un camino de niebla se perdía bajo sus pies en un serpenteo. Sus ojos solo veían destierro, resignación. La miseria le había tomado la mano y le había mostrado las otras caras de la demencia. Quería comerse a sí mismo miembro a miembro, mutilar su lengua para no blasfemar en voz alta, porque en su mente, ya había deseado y presenciado todas sus apocalípsis. Deseaba cada una de ellas como un ciego añora ver la luz que el negaba. Si alguien hubiera visto todas aquellas atrocidades de seguro hubiera querido estar en otro lugar, fuera, lejos de si mismo. Decidió que lo mejor tenía que ser lo más equitativo, que todos debían saber. Agarró el lienzo y con su propias vísceras dibujo lo que había visto; con líneas, con matices, sombras. Y sin ser un gran artista atrajo cada uno de sus desperfectos para que ayudasen a terminar su obra. Habiendo terminado, se paró ante ella. Lo que veía seguía estando más allá del cuadro, ahí a lo lejos, no había podido darle forma. Pero no quiso sentirse rendido. Obra de su propia mutilación levanto primero un pie y a medida que lo avanzó el cuadro comenzó a desmoronarse, gravitaron tintas, lo avanzó más y en el centro del cuadro apareció poco a poco un camino bañado en neblinas, una marea de cuerpos. Cuando el pie estuvo encima se formo la primera roca, y notó que se podía parar sobre ella. Juntó ambos pies y caminó más allá del cuadro. Para perseguirse a sí mismo y averiguar para que todos lo sepan. Qué había más allá de las sombras donde el sol gobernaba.
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